Julio Martínez Molina
Entre esa pléyade de topicazos o lugares comunes con que nos casamos y morimos los humanos, tiende a conectarse el perfil de mujer bonita, atractiva, sexy, con escasez neuronal. Eso, pese a que la historia posea cientos de ejemplos para contrarrestar tan extendida como falsa asociación. Será, seguro, el modelo de Camila Vallejo -la líder estudiantil, geógrafa, miembro del Partido Comunista Chileno, bellísima, cautivante, motivadora de cualquier permisible sueño húmedo del mejor de sus compañeros-, el caso más reciente.
Pero Camila Antonia Amaranta Vallejo Dowling es mucha Camila. Va lo suyo demasiado más allá de su cariátide, para constituir otro de los referentes del movimiento estudiantil latinoamericano contra las oligarquías excluyentes, desde el Grito de Córdova, pasando por Mella, José Antonio Echeverría o el mismo combate contra la satrapía del coronel Ibáñez o la Revolución de los Pingüinos (ambos en Chile y el último hecho con participación de ella) hasta las luchas en Puerto Rico. Esas que René, la voz líder de Calle 13, reivindicaba ante el mundo durante la ceremonia de los 12 Latin Granmy, en noviembre.