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| Desconsolada, la cienfueguera Bermoy llora sobre el regazo de su mentor, Ronaldo Veitía. |
Conversar con un deportista recién derrotado es una de las tareas más difíciles para cualquier reportero. Y si se trata de un campeonato mundial mucho más. De ahí la espera —también triste— y los minutos de llanto de mi entrevistada, la judoca Yanet Bermoy, quinta en llos 52 kilos de la edición universal que tiene por sede la Arena Traktor, de la ciudad rusa de Chelyabinsk.
Acostumbrada a tres podios mundiales —uno de ellos en lo más alto— y dos platas olímpicas, la cienfueguera no podía esconder sus ojos hinchados y nada parecía consolar las huellas de la derrota, a pesar del aliento de sus compañeras de equipo e incluso de otras judocas que siempre la han admirado.
