Esta sitcom estadounidense es una de las muy escasas buenas teleseries exhibidas en fecha reciente en Cuba
Julio Martínez Molina
Tanto el cine como la televisión norteamericanos han apostado a través de diversas cintas y teleseries humorísticas por observar, sin condescendencia y sí provistos de una atención -en ciertos ángulos de forma para algunos rara, mas explicablemente halagadora-, a esa generación geek madurada al calor del ordenador, el videojuego, los comics, la escasa interacción social y las para algunos de ellos sombras omnipresentes, totémicas, de Star Trek: The Original Series (Gene Roddenberry, 1966-1969) y Star Wars (George Lucas, 1977).
Decía arriba lo de ”explicablemente”, porque dicho retrato audiovisual del nerd, inmaduro, encapsulado, niño eterno, queda articulado a partir de la reivindicación. Con conocimiento de causa de lo examinado, complicidad. A sabiendas de que, en no pocos casos, los propios guionistas o realizadores compartieron los mismos modelos de vida, gustos, paradigmas, humillaciones de sus compañeros escolares y éxito profesional posterior de aquellos inefables bichos raros infanto-adolescentes.
