Juan Carlos Camaño (*)
Puede que ocurra en Antímano, un barrio de Caracas, como de hecho ocurrió el pasado tres de agosto. Y que la gente de la Venezuela “roja, rojita” cante y baile, ría y llore, emocionada, cuando un hombre llamado Chávez alce su voz, como la alzó, para decir más nunca la burguesía volverá a explotar al pueblo.
Chávez, Hugo, es el mismo al que hace poco tiempo atrás sus matadores de cada día daban por muerto. El mismo que cita al Ché y a Eva Perón, en diálogo con las masas que agitan banderas y, si se cuadra, suben a la tarima identificadas en una enfermera que explicará cómo funciona el hospital del lugar.
Chávez es un diálogo en el canto. Y lo es en la reflexión que desmenuza, con datos y más datos,
