Héctor R. Castillo Toledo
Racimo de cinco carreras le dio a Ciego de Ávila marcador de doce carreras por dos, pizarra de nocao sobre Las Tunas, sólo que la manita de anotaciones de los Tigres se produjo en el noveno y a los Leñadores, a esas alturas del juego, sólo les restaba concurrir tres veces al cajón de bateo para conceder tres outs y acabar sus angustias ante una estupefacta afición que colmó anoche al "Julio Antonio Mella" con la intención de festejar el pase a la semifinal oriental.
Pero de buenas intenciones, como diría cualquiera apelando a la célebre y socorrida sentencia, están empedrados los caminos del señor. Y el subcampeón cubano dejó flotando sobre el parque beisbolero de la capital tunera el mismo manto de zozobra que provocó en el "Sandino" de Santa Clara la remontada primero y luego el remate final de los granmenses, llegados a la Ciudad Naranja, como decían muchos, a una cuestión de puro trámite, con el dogal apretando la nuez...
