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| Clasifican como iguales aquellos que los milicianos derrotaron en Girón hace 50 años y las encopetadas Damas de Blanco pagadas por la Oficina de Intereses. |
Julio Martínez Molina (*)SERÍA PUERIL ASEVERAR que el Socialismo en la Unión Soviética fue destruido por un solo hombre, pues, lo sabe el lector, dogmas e inmovilismos influyeron de manera notable en la desmantelación de un régimen social que, pese a ello, exhibió grandiosas conquistas, costó millones de vidas e innumerables sacrificios a lo largo de siete décadas y propició muchos beneficios sociales a los pueblos de sus distintas repúblicas; así como una posición de potencia mundial a Moscú en la arena internacional, la cual contribuía a la bipolaridad y a mantener algo más quietas las pistolas, ahora sin ley alguna, del Tío Sam.
Sin embargo, con esto asentirá hasta el más furibundo detractor del papel de la personalidad en la historia, el “camarada” Mijail Gorbachov jugó un rol central infaustamente negativo en su quiebre. Viejo rastreador del tema, conservo documentos de la relación “romántica” con Occidente del hombrecillo del lunar frontal, harto elocuentes. No obstante, el gran libro/resumen sobre la incidencia en el fin de la URSS del hoy millonario conferencista todavía está por escribir.
