Julio Martínez Molina
Preludiados quizá no tanto por Orwell como por la historieta Custer (1986), con los reality shows -en la televisión ya desde antes que en 1999 se emitiese el primer Gran Hermano oficial en Holanda-, este medio de comunicación arribó a la etapa de entronización absoluta de lo trash o basura como concepto definitorio. La humanidad y la sensibilidad del individuo, preceptos básicos aparejados a las conquistas de los procesos revolucionarios post-1789, quedaron apisonados a partir de su puesta en funcionamiento, a medro del voyeurismo personal, el morbo, el odio social o los raseros totalmente desvirtuados a la hora de medir los presuntos talentos de las personas.
Ya el asunto ha llegado a ribetes tan increíbles de imbecilidad o malignidad, según se mire, que, por citar uno solo entre innumerables ejemplos, millones de personas se quedan aleladas en sus televisores mientras que alguien tan profundamente insulso como la norteamericana Kim Kardashian decide cuál vestuario ponerse a la mañana.
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domingo, 1 de marzo de 2015
La “kardashianimbecilidad”
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storm captain
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domingo, 22 de febrero de 2015
Armas de embobecimiento masivo
Julio Martínez Molina
En varias de sus intervenciones recientes, el primer vicepresidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ha puesto en la mirilla la necesidad de levantar bandera contra los patrones culturales negativos y la pertinencia de ampliar el acceso de la población cubana a productos audiovisuales de calidad. Ambos temas, abordados con insistencia por el dirigente, representan dos partes de una esencial ecuación de purificación/reconversión espiritual y gnoseológica.
Su despeje (a resolver por segmento considerable de personas, devorado por perjudiciales andanadas de productos musicales, televisivos y fílmicos de la peor laya) conducirá, inexorablemente, a esos mayores niveles de adquisición de cultura por parte de un receptor capaz, solo entonces, de reaccionar contra la vulgaridad, la superficialidad y la enajenación más absurda.
En varias de sus intervenciones recientes, el primer vicepresidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ha puesto en la mirilla la necesidad de levantar bandera contra los patrones culturales negativos y la pertinencia de ampliar el acceso de la población cubana a productos audiovisuales de calidad. Ambos temas, abordados con insistencia por el dirigente, representan dos partes de una esencial ecuación de purificación/reconversión espiritual y gnoseológica.
Su despeje (a resolver por segmento considerable de personas, devorado por perjudiciales andanadas de productos musicales, televisivos y fílmicos de la peor laya) conducirá, inexorablemente, a esos mayores niveles de adquisición de cultura por parte de un receptor capaz, solo entonces, de reaccionar contra la vulgaridad, la superficialidad y la enajenación más absurda.
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storm captain
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4:07:00 p. m.
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