Manuel Benítez del Río
Chirrín, chirrán... Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 acaban de cerrar el chiringuito, lo hicieron como comenzaron, con una ceremonia dedicada a celebrar la cultura popular británica.
La final, más festiva que la apertura dirigida por Danny Boyle que incluyó una desaforada pasión british y una sobredosis de autocomplacencia, pasando por la política al poner en valor la sanidad pública o la imparable selección musical que dejó fuera del setlist a grandiosos nombres.
Pero antes de caer en las chapuzas* british, quiero dedicar unos párrafos a Cuba, que termina los Juegos siendo líder del medallero latinoamericano, con cinco oros, dos de ellos de los púgiles Robeisy Ramírez y Roniel Iglesias.
Nuestro boxeo, que no logró ni un solo título olímpico en Beijing, recuperó con victorias el prestigio que distingue a la Isla como una de las mejores escuelas del planeta.
Además de los cinco oros, la delegación cubana consiguió tres platas y seis bronces. ¡Bravo por Cuba!
Y ahora pasemos a las chapuzas de Londres, que son varias:
