David Brooks
Unos 33 mil ricos –0.1 de la población nacional– compraron las elecciones nacionales de Estados Unidos el año pasado, mientras los ingresos de los ejecutivos empresariales se incrementaron aún más en 2012; un banco trasnacional que lavó fondos en este país para narcotraficantes y mafiosos fue, en esencia, perdonado a cambio de un poco de lana; todo esto mientras un sector secreto del gobierno espió, sin permiso de nadie, a la mayoría de ésta y otras poblaciones. Para colmo, a la vez que se ofrecen discursos en el extranjero sobre el apego al derecho internacional, la defensa de los derechos humanos y la democracia, en los hechos hay demasiadas contradicciones como para que las palabras tan elocuentes tengan credibilidad.
Todo esto tendría que estar en cualquier lista de síntomas para diagnosticar si una democracia se encuentra en estado crítico.
