Julio Martínez Molina
En el paso de unos años tomó nuestra casa. Está en el aire, sobrevuela la esquina, camina invisible por la acera, es dueña de los ómnibus, se impuso en el éter, monta coches, campea por los edificios multifamiliares, baña de su hedor las relaciones interpersonales.
La vulgaridad, agresivo y perjudicial antivalor, corroe la nobleza del alma, tiende a sentar la errónea concepción de que la ordinariez es el único modelo posible de vida, tienta al débil o influenciable por efecto de supervivencia habida cuenta de que lastima la proclividad a un proceder divergente en consecuencia con su nivel de expansión.
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martes, 31 de marzo de 2015
Vulgaridad
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storm captain
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lunes, 28 de julio de 2014
Perrea, niña, perrea
Julio Martínez Molina
Ni conservador ni victoriano; ni pacato ni gazmoño. Solo portador -eso quiero pensar-, de un mínimo de sentido común. Cuanto se creyó sería tan solo una moda pasajera, otra más, prendió fuerza con tanta saña en Cuba como la burocracia, el maltrato al prójimo o el marabú. El reguetón, no contento con desbordar en cada cuadra los tímpanos de personas mayores o de cualquier edad lancinadas por ese patrón ritmático primitivo (nunca música), se hizo dueño, hace años, del sistema general de transporte de la nación -privado y estatal-, instituciones, centros recreativos. En estos últimos, hasta en los menos pensados, existen canales internos de reproducción por DVD donde las 24 horas torturan al cliente con los tambores de Kong de “grandes machos” con tremendos complejos de inferioridad, porque ningún hombre, en pos de confirmar su sexo ante la colectividad, está precisado de ser tan prepotente, humillador, ofensivo y denostador de la mujer, los niños, los ancianos, las buenas costumbres o los valores cívicos de un país.
Ni conservador ni victoriano; ni pacato ni gazmoño. Solo portador -eso quiero pensar-, de un mínimo de sentido común. Cuanto se creyó sería tan solo una moda pasajera, otra más, prendió fuerza con tanta saña en Cuba como la burocracia, el maltrato al prójimo o el marabú. El reguetón, no contento con desbordar en cada cuadra los tímpanos de personas mayores o de cualquier edad lancinadas por ese patrón ritmático primitivo (nunca música), se hizo dueño, hace años, del sistema general de transporte de la nación -privado y estatal-, instituciones, centros recreativos. En estos últimos, hasta en los menos pensados, existen canales internos de reproducción por DVD donde las 24 horas torturan al cliente con los tambores de Kong de “grandes machos” con tremendos complejos de inferioridad, porque ningún hombre, en pos de confirmar su sexo ante la colectividad, está precisado de ser tan prepotente, humillador, ofensivo y denostador de la mujer, los niños, los ancianos, las buenas costumbres o los valores cívicos de un país.
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storm captain
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9:20:00 a. m.
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