Julio Martínez Molina
¡Quién pudiera haber recorrido los bosques, sabanas, playas, vergeles de Cuba 520 años atrás! Por supuesto que, a ojos de “descubridores” provenientes de climas templados, tierras de lobos, paisajes nebulosos y vestimenta superpoblada de orlas, esta isla llena de tocororos, carpinteros reales, manatíes, manjuaríes, cielos esplendorosos, costas de ensueño y gente sin trajes (de cuerpo y alma) debía parecerle “la más fermosa”.
Vivían felices aquí, de un modo organizado, colectivo, los grupos recolectores-cazadores-pescadores y los agricultores-ceramistas. Mucho antes de la llegada de Colón, ya durante la larval etapa aborigen, Cuba había arribado a estado parecido al comunismo: nuestros ancestros lejanos trabajaban en común y el producto de su labor era repartido entre todos a partes iguales, a cada cual según su necesidad y no según su picardía, como parodiara Buena Fe.
