A propósito de celebrarse hoy el Día de la Cultura Cubana, Fanal propone la relectura de esta ponencia dictada en abril de 1994 por Abel Prieto, entonces presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en la Conferencia La nación y la emigración, celebrada en La Habana.
Abel Prieto JiménezEn 1949, cuando ya su obra investigativa sobre la formación y el perfil del ser nacional cubano nos había dejado textos fundamentales, Fernando Ortiz llegó a la conclusión de que era necesario, además, "algo inefable" para completar "la cubanidad del nacimiento de la nación, de la convivencia y aun de la cultura". Ese "algo", que nada tiene que ver con caracterizaciones etnográficas, es, justamente, lo que define a la cubanía.
"Hay cubanos", subraya Ortiz, que "no quieren ser cubanos y hasta se avergüenzan y reniegan de serlo". En ellos, "la cubanidad carece de plenitud, está castrada". Se imponen, pues, algunas distinciones y un nuevo concepto:
No basta para la cubanidad tener en Cuba la cuna, la nación, la vida y el porte; aún falta tener la conciencia. La cubanidad plena no consiste meramente en ser cubano por cualquiera de las contingencias ambientales que han rodeado la personalidad individual y le han forjado sus condiciones; son precisas también la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser.
