Sandra Russo
Así se llama el documental que
Estela Bravo estrenó en 2010, y que en el homenaje a la realizadora norteamericano-cubana en el reciente Festival Unasur Cine se proyectó junto a otro que habla de los nietos recuperados argentinos,
¿Quién soy yo? La verdad, elegí asistir por el respeto que me merece Estela Bravo, pero mi interés estaba centrado en este último. Y sin embargo, una vez en mi butaca, cuando empezó a desplegarse en la pantalla la historia de los Pedro Panes, lo increíble, lo invisibilizado, lo sádico y al mismo tiempo lo profundamente amoroso que Bravo logró contar sobre esa operación de guerra psicológica de la CIA que tuvo lugar entre 1960 y 1962, tocó una fibra tan fina, y tan inesperada, que no puedo menos que rendirle el pequeño tributo de multiplicar aquí aquella historia, porque creo que Bravo trabaja para eso: para ahondar y multiplicar la conciencia de algunas cosas que pasan en el mundo.
Como no tenía ni idea de lo que había sido en realidad la
Operación Peter Pan, fui tomada por asalto por las imágenes de los campamentos para niños de Miami y otras ciudades norteamericanas creados para alojar en esos dos años a los más de 14 mil niños de entre 2 y 16 años que fueron enviados desde Cuba para salvarlos del cuco comunista.