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| El gol de Schürrle al segundo minuto de la prórroga frente a una combativa Argelia y un M'Bolhi que bajo los tres palos había parado todo lo que le tiraron. |
Un taconazo feo de Schürrle, no tan elegante como el del Guaje Villa, pues más bien parecía un balón quedado atrás tocado in extremis al segundo minuto del alargue, venció al portero Mbolhi -que en el tiempo oficial paró todo cuanto le tiraron-, y Alemania pasó a cuartos con susto y dejando una sensación de sufrimiento e inferioridad frente a una Argelia que a puro coraje se ganó la admiración de neutrales, el elogio de los suyos y la incredulidad de la barra germana.
Más de uno de los 43 mil espectadores que atestaron el estadio Beira-Rio, de Porto Alegre, vio revolotear los fantasmas de aquel 1-2 del Mundial del 82 con Madjer y Belloumi. Motivo de alusión recurrente en las camisetas de la afición argelina, que le exigía a los del bosnio Vahid Halilhodzic, en son de revancha, reeditar ahora en octavos aquella épica de hace 32 años en España*.




