Juan Manuel Karg*
El discurso de la presidenta suspendida Dilma Rousseff ante el Senado de Brasil irá directo a los libros de historia, independientemente de la resolución a la que llegue este parlamento abiertamente conservador. En una especie de “la historia me absolverá” -parafraseando a Fidel Castro- versión Brasilia 2016, Dilma habló como una estadista de fuste, con la solidez que solo pueden dar décadas de hacer política, tanto en escenarios favorables como adversos.
Hizo una recuperación de esa trayectoria militante de punta a punta. “Entre mis defectos no está la deslealtad y la cobardía” anunció al comienzo, describiendo su lucha contra la dictadura.
