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| La violencia policial contra las protestas raciales en Estados Unidos, como esta en Ferguson, son una muestra de las deudas estadounidense con la aplicación de los derechos humanos. /Foto: AP |
Se acaba un año triste, espantoso, feo, casi inaguantable en este país: odio, temor, xenofobia y racismo con tintes fascistas, brutalidad e impunidad oficial, además de desastres naturales, guerras no naturales y crisis humanitarias, ambientales y de derechos humanos, mientras los políticos ofrecen más de lo mismo o algo peor. O sea, uno de esos años en que un periodista sólo recuerda que tenía que reportar cosas intolerables sólo para descubrir que demasiados de nosotros nos estamos acostumbrando a aguantar lo inaceptable.
Pero este año que se acaba también hubo ecos de una historia que se cuenta menos, que casi nunca se incluye en las listas de fin de año, esa historia donde lo más noble insiste en cantar a pesar de todo, en medio de todo, que invita no a un fin, sino siempre a un principio.


