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| Material del Nuevo Herald y la poco creíble historia del maestro Alfredo Gómez. |
Lo que algunas personas llaman en Miami hacer periodismo no es ni más ni menos que empeñarse en difamar a Cuba. Cualquier cosa: sus líderes, sus deportistas, su paisaje, etc. Una de las cosas que más critican, quizás porque mucho les duele, es el sistema de salud pública cubano.
Desde hace unos años, en un ciclo que se repite cada dos o tres meses, la prensa de Miami cosecha su verano con alarmas y alharacas decretando con morboso placer que en Cuba hay una epidemia de cólera o de dengue. Esto se hace con claros objetivos políticos, no para informar a la población o para prevenir a las autoridades.
Se trafica, en primer lugar, con el deseo oculto de que realmente una epidemia arrase con una parte de la población cubana para poner en entredicho la salud pública, cuyos principios son opuestos a los del sistema de salud comercial y privado. Se hace para acusar al gobierno cubano de esconder insensiblemente la enfermedad para que no se perjudique el turismo. Se hace para incitar a una ocupación de Cuba o una parte de ella con supuestos objetivos humanitarios.





