La tarde se tiñó de azul celeste en Buenos Aires. Con su convincente 3-0 sobre el once guaraní, Uruguay confirmó lo que sus muchachos ya habían insinuado con su cuarto lugar en el Mundial Sudáfrica 2010: ser el mejor equipo de América, condición ratificada cuando alzaron por decimoquinta ocasión la Copa en honor al también llamado Nuevo Mundo.
Apelando a su tradicional garra y entrega, los charrúas superaron a Paraguay por la clásica milla. Y no mendingando, sino con una demostración de clase luego del tempranero gol de Luis Suárez, a la postre elegido el mejor jugador del partido y del torneo
Pura garra, puro fútbol. Eso fue Uruguay. Desde la seguridad de Muslera debajo de los palos a la capacidad goleadora de Luisito Suárez, pasando por el liderazgo de Lugano y el talento de Forlán, los uruguayos representan mejor que nadie en Sudamérica el concepto de equipo, esa entelequia que sólo elegidos de la capacidad del técnico y maestro Óscar Washington Tabárez son capaces de moldear como obra de orfebrería.