Atilio A. Borón
Las grandes manifestaciones populares de protesta en Brasil demolieron en la práctica una premisa cultivada por la derecha, y asumida también por diversas formaciones de izquierda, comenzando por el PT y siguiendo por sus aliados. Si se garantizaba “pan y circo”, el pueblo –desorganizado, despolitizado, desmoralizado– aceptaría mansamente que la alianza entre las viejas y las nuevas oligarquías prosiguieran gobernando el país sin mayores sobresaltos. La continuidad y eficacia del programa Bolsa Familia aseguraba el pan, y la Copa del Mundo y su preludio, la Copa Confederaciones, y luego los Juegos Olímpicos, aportarían el circo necesario para consolidar la pasividad política de los brasileños. Esta visión, no sólo equivocada sino profundamente reaccionaria (y casi siempre racista), quedó hecha añicos esta semana, lo que revela la corta memoria histórica de la clase dominante y sus representantes, a los que se les olvidaron las grandes movilizaciones populares exigiendo la elección directa del presidente a comienzos de los ochenta; las que precipitaron la renuncia de Collor de Mello en 1992; y la ola ascendente de luchas populares que hicieron posible el triunfo de Lula en el 2002.
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domingo, 23 de junio de 2013
Brasil: Un nuevo comienzo
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storm captain
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viernes, 21 de junio de 2013
Brasil: La Copa que colmó la gota
Hector R. Castillo Toledo
Gran paradoja la que vive Brasil, séptima economía mundial y vitrina de extraordinarios logros durante los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff en materia de crecimiento de su producto interno, disminución de la pobreza y la marginación e inclusión de millones de personas en la educación y la salud. Pues bien, el gigante sudamericano se estremece ahora mismo al compás de multitudinarias protestas, lo que apunta al primero de los contrasentidos.
Según reporta el diario La Jornada, "Las cuentas no coinciden, pero giran entre los que dicen que han sido más de un millón de personas en las calles de todo el país y los que dicen que han sido poco menos. En fin: ha sido la más espectacular (y peligrosa, y contradictoria) manifestación popular de Brasil en los últimos 29 años, desde las formidables marchas exigiendo el retorno de las elecciones libres para presidente, en 1984.
Gran paradoja la que vive Brasil, séptima economía mundial y vitrina de extraordinarios logros durante los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff en materia de crecimiento de su producto interno, disminución de la pobreza y la marginación e inclusión de millones de personas en la educación y la salud. Pues bien, el gigante sudamericano se estremece ahora mismo al compás de multitudinarias protestas, lo que apunta al primero de los contrasentidos.
Según reporta el diario La Jornada, "Las cuentas no coinciden, pero giran entre los que dicen que han sido más de un millón de personas en las calles de todo el país y los que dicen que han sido poco menos. En fin: ha sido la más espectacular (y peligrosa, y contradictoria) manifestación popular de Brasil en los últimos 29 años, desde las formidables marchas exigiendo el retorno de las elecciones libres para presidente, en 1984.
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storm captain
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