Jorge Gómez Barata
El mundo está lleno de personas inteligentes desgastándose infructuosamente para cumplir tareas mal concebidas; también ocurre lo contrario. Excepciones aparte, la preparación técnica, la competencia profesional y la vocación de servicio de los periodistas y los directivos de la prensa cubana están fuera de duda; a la vez, los problemas fundamentales de la prensa no nacen en las redacciones ni es posible encontrar allí las soluciones. La mala noticia es que tampoco mediante actos de voluntarismo se resuelven fuera de ellas.
Aunque tiene una opinión crítica del desempeño de la prensa cubana, el presidente Raúl Castro no puede cambiarla porque no depende de su voluntad, sino de los mismos problemas estructurales y conceptuales que afectan al resto del sistema.
En las reformas en marcha en la Isla, el periodismo vernáculo no irá detrás ni delante del sistema sino junto con él, no será vanguardia ni retranca y cambiará cuando cambie lo demás.
