Como ha venido haciendo desde que asumió el gobierno de Estados Unidos, Barack Obama prorrogó por un año la Ley de Comercio con el Enemigo, documento que sustenta jurídicamente el bloqueo sostenido por esta potencia contra Cuba desde octubre de 1960. Pese a que la firma de la prórroga se trató de una mera formalidad –pues la ley Helms-Burton de 1996 garantiza el mantenimiento de las sanciones–, este año el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana generó expectativas de cambio en este rubro de la política exterior estadunidense.
