El Partido Comunista chileno solicitó a la Justicia que investigue la defunción del Nobel de Literatura; quien era su chofer afirma que fue envenenado
Christian Palma
Página 12
El 19 de septiembre de 1973, el Premio Nobel chileno Pablo Neruda era trasladado raudo en ambulancia desde su casa en Isla Negra -pequeño pueblo en la costa de la zona central- hasta la Clínica Santa María, en Santiago. Su delicada salud había sido quebrantada aún más ocho días antes a causa del golpe militar encabezado por Augusto Pinochet. Las patrullas militares allanando sin respeto alguno, las desoladas calles y la gente manos arriba o contra un muro, rindiéndose ante los fusiles, fue el cuadro que recibió al vate en la capital chilena.
El cáncer de próstata que afectaba a Neruda se había agravado. Por ello, el embajador de México en Chile reservó una pieza para el poeta y ex embajador en la famosa clínica santiaguina. En la ambulancia lo acompañaba su mujer, Matilde Urrutia. Detrás de ellos, un Fiat 125 blanco no les perdía el paso. El auto era conducido por Manuel Araya, su chofer y uno de los más cercanos colaboradores de Neruda.
A pesar de los esfuerzos por reanimarlo, el 23 de septiembre de ese año, Neruda muere. Según los médicos, fue a causa de su cáncer. Verdad que se mantuvo como absoluta hasta ahora. Treinta y ocho años después, Manuel Araya, el conductor del Premio Nobel de Literatura, asegura que Pablo Neruda fue asesinado por agentes del régimen militar.
