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| En respuesta a la expulsión de Cuba de la OEA, Fidel somete a la aprobación de los cubanos la Segunda Declaración de La Habana (1962). |
Primero el sabio escritor y político dominicano Juan Bosch nos dijo: América Latina ha dado tres genios políticos: “Toussaint Louverture, Simón Bolívar y Fidel Castro, y debo decir que es mucho dar… Humboldt había previsto parte de eso cuando… después de un recorrido por América, comentó que los dos lugares más politizados eran Caracas y La Habana, es decir Venezuela y Cuba”.
Louverture, ninguneado o disminuido en su grandeza por la cultura hegemónica, que nos ofrece a Bolívar como un soñador cuyas ideas son muy hermosas, pero inalcanzables. Fidel, a quien ya casi nadie se atreve a negarle un sitial en la historia con mayúscula, pero la misma izquierda, que lo ha reconocido explícitamente como el gran estratega de la revolución cubana, con frecuencia no se ha dado cuenta de lo obvio: su condición de relevante teórico de la revolución –y de la reforma social– en los países de América Latina y el Tercer Mundo.
