Max Lesnick (*)
Parece mentira, pero aún después de transcurrido más de medio siglo de la fuga ignominiosa del primero de enero de 1959, los herederos de la dictadura de (Fulgencio) Batista -son los pichones macabros del pasado- siguen haciéndole daño al pueblo cubano, más movidos por el resentimiento y el odio, que por el uso de la lógica y la razón.
El congresista cubanoamericano de Miami, Mario Díaz-Balart, acaba de presentar en la Cámara de Representantes de Estados Unidos ante el Comité de Apropiaciones de ese cuerpo legislativo, una proposición que de ser aprobada por el Congreso Federal, echaría por tierra las flexibilizaciones dictadas por el gobierno del presidente Barack Obama en relación a los viajes y envíos de remesas familiares a la Isla por parte de los cubanos residentes en Estados Unidos.
Lo que pretende el congresista batistiano Mario Díaz-Balart con su odiosa proposición de ley, es echar para atrás las manecillas del reloj para regresar a los azarosos tiempos de la presidencia de George W. Bush, que para dividir a la familia cubana estableció por decreto que los cubanos que viven en Estados Unidos, solo podrían viajar a Cuba cada tres años, sin ninguna expresión especial humanitaria, limitando la cantidad de dinero que se podía enviar a los familiares, y estableciendo además una discriminadora regla según la cual la familia cubana estaba limitada y definida de una manera tan estrecha que según ella, los tíos y primos dejaban de ser familiares nuestros.