Julio Martínez Molina
Entre las líneas de concordancia existente en los discursos comunes del socialismo cubano y la religión católica, u otros credos, predomina un concepto basal: la importancia nuclear de la familia para la conformación de ese individuo civilizado, revestido de las condiciones morales para interactuar, en tanto ser social de bien, dentro de nuestra colectividad.
Con una “iglesia doméstica” equiparó a la familia Joseph Ratzinger, quien como era de esperar se refirió al asunto tanto en México como en Cuba, de igual manera que su predecesor Karol Wojtyla lo hiciera aquí hacia 1998. Es la idea entrecomillada del Papa actual certera aproximación a estudiar, por cuanto encierra de verdad en el sentido de instauración de fe, certezas morales, convicciones, disciplinas, educación e instrucción por parte de los progenitores a los vástagos en medio de la “célula fundamental de la sociedad”.
