Emilio Marín
De las cinco ediciones de la Cumbre de las Américas, sólo una tuvo un buen principio y final. Fue la IV, realizada en Mar del Plata en noviembre de 2005, cuando entre Néstor Kirchner y Hugo Chávez se las ingeniaron para arruinarle el pastel al texano bruto. El resto de la serie fue hegemonizado o limitado, según los casos, por la política imperial sucesiva de Bill Clinton, George Bush y Barack Obama.
La edición número 6, que deliberará el 14 y 15 de abril próximo en Cartagena de Indias, Colombia, pinta similar a la regla. Primero porque el anfitrión es Juan Manuel Santos, quien –con matices diferenciadores de Álvaro Uribe- expresa a la derecha conservadora y violenta de la región, de sintonía fina con la Casa Blanca.
Y también el pronóstico es sombrío porque han dejado afuera a Cuba.
