Julio Martínez Molina
A Lourdes, amiga del autor, Carlos la enamoró al salir de la Universidad gracias a este verso de Claudio Rodríguez: “Si tú la luz te la has llevado toda, cómo voy a esperar ya nada del alba”. Se casaron, raudos, en 1984. Eran tan jóvenes. Él, ingeniero destacado, accedió a casa y auto por el centro de trabajo. Recorrieron Europa del Este tres años después, porque ella, química termoenergética, se lo ganó por Vanguardia en el suyo. Cada día 5, iban al mercado y con una parte no considerable del sueldo se avituallaban de las necesidades alimenticias del mes. En virtud del salario combinado, compraban en “La Amistad”; cuando abrió la Plaza no les faltaban los mejores productos.
Tuvieron un hijo en 1988. Sin llegar a los cinco del chiquillo, la cosa comenzó a mutar en el hogar. Un hermano de Lourdes fue a la cárcel por tenencia ilegal de divisas, lo cual la afectó mucho. El único tío de Carlos vino a cohabitar con ellos, porque perdió su vivienda debido a problemas legales. Período Especial. Había que pugilatearla para encontrar la malanga del pequeño Carlitos, quien pasó innumerables noches de sudor con la llegada de los apagones.
