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miércoles, 17 de septiembre de 2014

“Cuba no requiere verticalidad, ni machismo entre los machos”: Senel Paz

Escritor cubano Senel Paz. Foto Ladyrene Pérez
Rosa Miriam Elizalde

Gabriel García Márquez dijo alguna vez que Senel Paz era el mejor guionista de diálogos en español. Senel se lo toma como un piropo del Nobel, pero no se posible soslayar que su cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo (Premio Juan Rulfo, 1990) es un clásico de la Literatura cubana y un referente literario universal, con decenas de traducciones y versiones para al cine –la célebre Fresa y chocolate-, el teatro, la pintura y hasta el musical. Ahora mismo, tiene un éxito arrollador en Buenos Aires una adaptación para las tablas, mientras él escribe en La Habana un guión para una nueva película y sigue la saga de los personajes de sus cuentos y novelas, siempre en la adolescencia o la primera juventud, siempre bregando contra el hombre unidimensional y la intolerancia.

domingo, 13 de mayo de 2012

Enajenaciones

Julio Martínez Molina

El domingo, Día de las Madres, quien narra se convertiría en intempestivo espectador, nada expectante sino asqueado, de un hecho ocurrido tras el abuso de un padrazo que escogió la fecha de su contraria sexual, mas análoga filial, para formar feo espectáculo barriotero derivado del exceso de alcohol en sangre. Ese fue su regalo, después de tener a la infeliz durante nueve horas friéndole “saladitos”, para que él se despachara con sus amigos. En anterior reencarnación debí ser una de estas mujeres, porque cuando las veo así me pongo en su pellejo y siento extraordinaria compasión hacia ellas. 
Del tema del alcoholismo ya he comentado en ocasión anterior, por lo cual ni lo alargaremos ni se entrará en consideraciones o juicios morales sobre el bebedor. Para juzgar, Dios. Y que tire la primera piedra quien no haya pecado.  No obstante, nunca será lo mismo tres tragos en la intimidad del hogar que la borrachera exhibicionista, tan nociva en términos sociales.

jueves, 4 de agosto de 2011

Divorcio a la cubana

Julio Martínez Molina

A Lourdes, amiga del autor, Carlos la enamoró al salir de la Universidad gracias a este verso de Claudio Rodríguez: “Si tú la luz te la has llevado toda, cómo voy a esperar ya nada del alba”. Se casaron, raudos, en 1984. Eran tan jóvenes. Él, ingeniero destacado, accedió a casa y auto por el centro de trabajo. Recorrieron Europa del Este tres años después, porque ella, química termoenergética, se lo ganó por Vanguardia en el suyo. Cada día 5, iban al mercado y con una parte no considerable del sueldo se avituallaban de las necesidades alimenticias del mes. En virtud del salario combinado, compraban en “La Amistad”; cuando abrió la Plaza no les faltaban los mejores productos.
Tuvieron un hijo en 1988. Sin llegar a los cinco del chiquillo, la cosa comenzó a mutar en el hogar. Un hermano de Lourdes fue a la cárcel por tenencia ilegal de divisas, lo cual la afectó mucho. El único tío de Carlos vino a cohabitar con ellos, porque perdió su vivienda debido a problemas legales. Período Especial. Había que pugilatearla para encontrar la malanga del  pequeño Carlitos, quien pasó innumerables noches de sudor con la llegada de los apagones.

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