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jueves, 27 de junio de 2013

Espionaje y literatura

Juan Gelman

Este Edgar Snowden: dio a conocer una serie de documentos impactantes sobre cómo el gobierno de Obama espía a su propio pueblo y a otras naciones, está acusado de traición a la patria; aunque la formulación envuelva el cargo con el lenguaje jurídico del caso, logra no ser atrapado, entra y sale de Hong Kong como Pedro por su casa, burla a los periodistas con una presunta salida a Cuba de la que está ausente, mientras los que tomaron el avión para encontrarlo viajan 12 horas sin poder probar ni una sola gota de alcohol de más de 24 grados, está en Rusia –dice Putin al escribirse estas líneas– y no será extraditado –no hay tratado de extradición entre los dos países–, se especula que tantea la posibilidad de refugiarse en Ecuador, Islandia o Corea de Norte y la administración estadounidense está furiosa con China y Rusia porque no se lo devuelven.

Moscú y Beijing simpatizan con Snowden no tanto por divulgar un sistema que seguramente conocían desde hace tiempo, sino por hacerlo públicamente y lastimar la fama de EE.UU. como país democrático. Es cierto, además, que el ex espía perseguido por los espías que espió no dio a conocer documentos top secret a los que tuvo acceso y se limitó a los secrets. Es inútil que el secretario de Estado John Kerry afirme que el acto de Snowden pone en peligro la vida de estadounidenses. Los que conocen, es decir, los espías de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), bien saben que no es así.
¿Cuáles serían los motivos que llevaron a Snowden a desnudar el sistema de espionaje de Washington ahora? ¿Lo empujó el ejemplo de Wikileaks? En todo caso, la campaña en su favor que se lleva a cabo en EE.UU. alcanzó –y superó– en pocos días las 100.000 firmas necesarias para que el presidente Obama tenga que ofrecer explicaciones. Para Daniel Ellsberg, que destapó las mentiras de Lyndon Johnson sobre la guerra en Vietnam filtrando los famosos “Papeles del Pentágono”, Snowden es un héroe civil.
“Soy una persona corriente. Soy un estadounidense. No soy un traidor ni un héroe, soy uno más de los estadounidenses sentados ante un escritorio leyendo esta clase de material”, declaró Snowden y recordó Ellsberg en una entrevista (//scotthorton.com, 20613). Y propuso qué habrían pensado tanto Manning como Snowden: “Tengo aquí esta información y el público no la tiene. ¿Por qué, sentado ante este escritorio, conozco con autorización algo que el público necesita saber y los senadores necesitan saber, y los senadores no lo saben?”. Según Ellsberg, no pocos senadores manifestaron que, gracias a las revelaciones de Snowden, “en los últimos diez días aprendí más sobre lo que hace la NSA que en los últimos diez años”.
La situación ha llevado a John le Carré, el novelista británico autor de extraordinarias novelas de espionaje, a hablar sobre su experiencia como miembro del servicio secreto M15 y M16 en los años ’50 y ’60 a la vez que publicaba dos novelas con seudónimo. A medio siglo de publicar la tercera, El espía que vino del frío, que le procuró fama internacional, John le Carré detalla las dificultades de esa doble pertenencia, al espionaje y a la literatura. De algún modo rozan los pujos subjetivos de Snowden, aunque la manera de darles paso es muy diferente.
“Escribí El espía que vino del frío a los 30 años bajo un estrés intenso, no compartido, personal y con privacidad extrema. Como funcionario de inteligencia con la máscara de un joven diplomático en la embajada británica en Bonn, yo era un secreto para mis compañeros y, la mayor parte del tiempo, para mí mismo” (www.guardian.co.uk, 12413). Sus superiores, luego de un largo examen, aprobaron la publicación de esa novela considerándola una ficción. Pero la prensa mundial la leyó de otra manera, como “una suerte de mensaje revelador ‘del otro lado’.”
“Hoy pienso que la novela es el resultado de una explosión interna no muy bien disfrazada, después de la cual mi vida nunca sería la misma”, agrega. Le Carré siempre insistió en que no era un texto “auténtico” que reflejaba la actividad del M16, pero distintos rasgos psicológicos del protagonista Alec Leamas son, sin duda, propios. El mismo tipo de “explosión interna” o parecida o similar, ¿se habrá producido en Manning y Snowden?
Le Carré se muestra crítico de las prácticas del espionaje de hoy. Enjuicia la guerra de Irak, basada en informaciones falsas, las ejecuciones extrajudiciales, las torturas, la expansión del aparato de espionaje propulsada por Obama (www.guardian.co.uk, 14613). “Hace 50 años –subraya–, según recuerdo, cuando la acción encubierta predominaba en la época y los políticos iban a la mesa para firmar su ejecución, eran los más experimentados, y no los espías profesionales, los que pedían sangre a gritos... Estamos volviendo al punto de partida. O estamos con ellos o estamos con los terroristas.” El ex agente del M16 conoce el tema.

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