Estremecido por un golpe recto al mentón, cae a la lona aquel que en apariencias comandaba la pelea, hablando en términos boxísticos, o a la usanza beisbolera: dejado al campo en el cierre del noveno inning el equipo que iba delante por ilusorio amplio carreraje en un juego casi decidido... Así han quedado los medios occidentales luego del escueto pero contundente Flash desde Trípoli, Libia, enviado por el corresponsal de la Red Voltaire en la nación norafricana.
La palabra exacta para definir la situación de conteo extremo de 3 y 2 en que se encuentran los redactores jefes de influyentes medios tras la aparición ante cámaras de Seif al Islam, el hijo con mayor trascendencia política del líder libio Muamar el Gadafi, es anodadamiento. Ni más ni menos.
Y aunque todavía resulta apabullante el total de reportes que dan cuenta del fin del régimen, del cierre del capítulo Gadaffi en la historia libia y se desgastan entre dimes y diretes sobre si el fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), Luis Moreno-Ocampo, había confirmado o no el lunes la noticia de la detención de Seif, algunos despachos empiezan a dejar traslucir un cambio.
