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| Los sermones de Occidente en torno a la “necesidad de democracia en el Medio Oriente” funden su médula espinal en compartir al mundo un mensaje “políticamente correcto”. |
Es un término cuya etimología resulta cuando menos difusa. Tanto que tiene que ver menos con la política que con el engaño, la hipocresía, el eufemismo, el decir huero; bien visto el caso, tampoco remite exactamente a la corrección; sino hacia una idea ilusoria de sí.
Lo “políticamente correcto”, según el entendido actual y no el histórico -habida cuenta de sus oscilaciones semánticas a través de los años- representa una construcción gramatical proclive a identificar los patrones de conducta o lenguaje caracterizados por ir en consonancia con lo que esperan se responda o exprese por una vía determinada ante un fenómeno social, cultural…, siempre acorde con el criterio simplista-conservador-falaz de “luce bien proyectarse así, porque es lo que sienta mejor; no ofende a nadie, y entre ese nadie las normativas que mantienen las apariencias dentro del status quo”.
