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| Agencias y grandes medios se han puesto de acuerdo: llaman a los manifestantes "revoltosos" apolíticos. |
Julio Martínez Molina
Así, como el título, se denomina una de las grandes películas de periodismo de todos los tiempos, dirigida por el británico Alexander Mackendrick en 1957. Eso, mentira maldita, es cuanto está vomitando la sentina planetaria mediática, desde altares controlados por poderosos conglomerados de poder o familias oligárquicas dueños del monopolio de la palabra, al servicio absoluto de las ideologías imperiales. Tremebundas distopías recreadas por excepcionales autores de ciencia-ficción se hacen realidad en la prensa occidental hoy. La dictadura del verbo beatifica las matanzas imperiales, obnubila los sentidos receptores del lector/espectador/oyente y sataniza las diferencias de ideología, credos, modelos de pensamiento. La “veracidad” de los hechos queda establecida a partir del goebbeliano sistema de la repetición; sin vía a la opinión alternativa ni al contraste de fuentes.
