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| "La moral política y comercial de Estados Unidos no solo alimenta la risa, es todo un banquete", decía Mark Twain. |
Cuando aquellos que saben que no tienen ninguna autoridad moral deciden ejercerla, la risa es el mejor antídoto. Esto lleva inevitablemente a maravillosos escándalos que revelan la hipocresía de los jueces, sean políticos, empresarios o religiosos. Pero cuando este tipo de farsa se combina con el poder, ya no es tan chistoso y se vuelve peligroso. Cuando sucede en el país más poderoso del mundo, las consecuencias son planetarias.
Si hay algo que distingue a Estados Unidos, sobre todo a su clase gobernante, es su curiosa suposición de que tiene el derecho de ser el juez mundial y que Dios le otorgó esta autoridad moral.
