(...) Eso no tiene nada que ver con lo que ha ocurrido, y con lo que era el status quo existente en los países del norte de África, en los países árabes; eso no tiene nada que ver, ni con lo que ha ocurrido en Egipto, en Marruecos, en Libia… No tiene nada que ver porque ni la cultura, ni el régimen político, ni el proceso histórico que condujo a eso tienen nada que ver. Se habla, algunos analistas hacen comparaciones traídas por los pelos, que le adjudican a los celulares, a Facebook y a Twitter la posibilidad de la subversión, ser el instrumento de la subversión; eso es absolutamente ridículo, eso es como creer que hubo revoluciones políticas producidas por el teléfono y el telégrafo; eso es conferirles a los aparatos, a la tecnología, un poder de fuerza de expresión, de motivo y de causa en el desencadenamiento de un proceso de transformación social y política.
