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viernes, 13 de mayo de 2011

Mentiras que estallan como pompas de jabón (+ Vídeo)

Héctor R. Castillo Toledo

PRIMERO FUE LA MENTIRA madre: el disidente cubano Juan Wilfredo Soto García murió a consecuencia de una paliza propinada por la policía cubana. El asunto fue explotado hasta la saciedad por los grandes monopolios mediáticos, que presentaron el affaire como “asesinato político”.
Cogidos en falta mayúscula (olvidaron la más elemental de las reglas durante el acto de informar: contrastar las fuentes), y desnudados por la colega Norelys Morales, que sí no pasó por alto el precepto bien aprendido durante muchos años de ejercicio profesional, los falsarios accedieron a otro viejo ardid, presentar evidencia.

Pero igual, a la hora de armar la segunda mentira, la que según sus cálculos recompondría el yerro inicial, fallaron al escoger como “testimoniante” de crédito al pastor bautista Mario Lleonart Barroso, oficiante en la localidad de Taguayabón, un poblado villaclareño del municipio de Camajuaní distante a unos 30 kilómetros de la cabecera provincial.
Según Lleonart Barroso, él estaba en Santa Clara el jueves (5 de mayo) por la mañana cuando vio a Soto, “un amigo y correligionario bautista que vivía en la ciudad”, mientras aquel regresaba a casa del hospital a bordo de un “bicitaxi” -vehículo de tres ruedas impulsado por pedales- y se detuvo para decirle que notificara a sus amigos que la policía lo había golpeado. “Me acaban de golpear salvajemente en el parque (...) me esposaron, me cayeron a 'tonfasos' en la espalda”.
Sabedores de la nueva tajada que podrían sacarle a sus empleadores de la SINA con las declaraciones del santo varón, los embusteros de la ciberdisidencia le pasaron la bola a la cloaca del periodismo anticubano de la Florida. Y sin que les temblara el pulso, los directivos de El Nuevo Herald dieron luz verde para propalar la falacia, pero... 
Quedó expuesto a la luz pública otro pecado, tan execrable como el del mismísimo pastor ante los ojos de Dios. Olvidaron (o tal vez no, quizás pensaron que aquella era historia pasada) que el señor Lleonart Barroso dista bastante de ser reconocido un religioso cabal o siquiera como una persona honesta que conocía a la supuesta víctima.
Dos años antes (2009), en un reportaje publicado por la propia bloguera Norelys Morales el 20 de octubre, el mundo supo de la paparruchada de Yoani Sánchez, quien junto a su esposo Reinaldo Escobar y el personaje bíblico de Taguayabón, manipularon un encuentro de miembros de la congregación, en su mayoría niños y presentado como “conferencia de Internet”, para convertirlo al final en un burdo evento promocional de sus blogs anexionistas y un video de personas formulando declaraciones contra la Revolución cubana. 
En resumen, que la pieza de convicción mostrada tras el primer descalabro al disolverse como sal en el agua la mentira madre, resulta ni más ni menos que otro miembro más de la pandilla encargada por el Departamento de Estado de EEUU para “entrenar” a los ciudadanos cubanos -en este caso a niños-, con el uso de las redes sociales. Y de sobra se sabe cuál es el fin supremo de ese training.
El investigador y periodista Jean-Guy Allard acaba de mostrar otra burbuja que le explotó en las narices de palo a los propios pinochos fabricantes de la farsa. Bajo el título Para difamar a Cuba en caso “disidente”, derechista Infobae uso fotos de la policía asesina de Honduras, el analista de origen canadiense desenmascara el manejo trapalero del sitio web argentino, cuyo dueño, aliado a la más recalcitrante ultraderecha mundial y amigo de varios de los más encarnizados y furibundos ejemplares de la mafia anticubana, empleó el lunes último una foto de archivo de la agencia española EFE, tomada en Honduras durante la salvaje represión de la policía antimotines de la nación centroamericana a una manifestación de seguidores del depuesto presidente constitucional Manuel Zelaya, para “ilustrar” las circunstancias en las cuales se pretendió hacer creer que Juan Wilfredo Soto García murió “víctima de una paliza de la policía”. 
Para acabar de “ponerle la tapa al pomo”, Granma recién publicó el desmentido familiar (hermana, un hijo, sobrina y otro allegado del muerto estandarte). Y aunque no faltan las cizañas y dudas sembradas entre líneas por los íconos mediáticos de siempre, en los corrillos la gente goza a su modo al desenlace fatal para los fulleros, a quienes se les acabó el show y como se dice en buen cubano, han dejado sin plumas y con el culo al aire.


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