Traducir esta página

English Russian Italiano DeutschPolonia Français Portuguese Chino Japones Arabe Sueco Noruego Corea

lunes, 9 de septiembre de 2013

El libro de Julito: una reflexión desde la praxis

Omar George

Muchos de los postulados contenidos en el libro Revolución, Socialismo y Periodismo: La prensa y los periodistas cubanos ante el siglo XXI, de Julio García Luis, tienen para nosotros, los profesionales de la prensa en Cuba, una concreción palpable en el día a día de nuestra profesión. No es nada que desconozcamos, ni que no hayamos padecido, ni que no constituya tema de tertulias o corrillos en las redacciones o en los encuentros informales entre colegas.
De manera que la capacidad de impacto de este ensayo no radica en decir cosas que no nos hayamos dicho nosotros mismos, sino en el sustrato conceptual y teórico que nos aporta para explicarnos mejor el por qué de nuestras frustraciones y de nuestras expectativas.
Consciente de que difícilmente podríamos conocer a dónde hemos llegado y hacia dónde vamos, sin saber de dónde venimos, Julio disecciona etapas, enfoques e influencias en la historia del periodismo cubano, lo contextualiza en momentos históricos específicos y lo ancla en el complejo sistema de relaciones sociales en que nuestra prensa se inserta por estos días.

El papel de las presiones y amenazas foráneas; una regulación que es socialmente legítima, pero que sobrexcedida reduce o anula la imprescindible autorregulación de los medios; el necesario balance entre lo externo y lo interno en la gestión editorial; el factor de dirección y el papel del Partido; la correlación entre los valores políticos y los valores profesionales; la organización del trabajo en las redacciones; el aporte de la prensa a un ejercicio de participación que contribuya a compensar y a equilibrar la concentración del poder a partir de una contrapartida crítica, leal y comprometida… nada de lo que hoy nos inquieta y nos moviliza como gremio, escapa a la visión escrutadora de Julio García Luis.
  Se trata, en síntesis, de un riguroso ejercicio académico, fruto de la investigación que el autor hiciera para su tesis doctoral, defendida en 2004, devenida en aporte de altos quilates teóricos para comprender mejor las funciones y misiones del periodismo y el periodista, como nunca antes quizás se había hecho en nuestro ámbito.
Es por ello que la obra de Julio, además de fortalecernos con elementos de juicio indispensables para el conocimiento y la acción, nos dignifica como profesionales, en momentos en que la autoestima no es precisamente un sentimiento muy arraigado en el sector.
Julio supo acrisolar en este su legado, una vasta experiencia asentada no sólo en su insaciable sed de conocimiento y superación, sino en las vivencias que le proporcionó una trayectoria profesional consecuente con su ética y su compromiso: maestro normalista; profesor, cuadro del Partido. Responsabilizado con tareas de dirección en los órganos de prensa donde trabajó, de los que fue además corresponsal de guerra, cronista, editorialista, reportero que acompañó a Fidel en más de 50 viajes al exterior; presidente de la Unión de Periodistas de Cuba y decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Todo un bagaje vivencial que tuvo a bien sistematizar y conceptualizar en su obra.
Pero el viso académico de su entrega nada tiene de academicista. “Revolución, Socialismo y Periodismo: La prensa y los periodistas cubanos ante el siglo XXI”, no está asentada en un discurso altisonante ni vanidoso. El análisis transcurre en un tono sin estridencias, ni alardes de sapiencia ni soberbia, aún cuando llega al tuétano de los aciertos y errores de un modelo de prensa obviamente disfuncional que aún padecemos y tratamos de remontar. Julio parece que nos cuenta, más que nos enseña, y en ello se muestra una vez más como lo que siempre fue: un periodista cabal.
Es que tampoco podía trascender de otra manera quien siempre apuntó a la ética personal y profesional como guía de su desempeño e hizo diana en ella todos los días de su vida. Por eso quienes lo conocimos recordaremos a Julito no sólo como un hombre sabio, sino además como una persona honrada, decente y bondadosa.
Entre las muchas enseñanzas que se pueden derivar de “Revolución, Socialismo y Periodismo: La prensa y los periodistas cubanos ante el siglo XXI”, antepongo una que para mí es esencial: la lealtad no significa despojarnos de nuestra libertad profesional.
Sólo los periodistas y los criterios en que se sustenta su ejercicio, pueden validar eficazmente los contenidos del discurso periodístico y decidir qué hace y cómo se hace la prensa. Cualquier pretensión de imponerlo desde afuera -como ha ocurrido y lamentablemente todavía ocurre – conduce a la inhibición y a la paralización de las competencias profesionales, con un saldo negativo para la credibilidad no sólo de los medios sino de todo el sistema político en que estos se insertan.
Pero el libro también nos reafirma algo que sí es de nuestra total responsabilidad. Algo que se supone sepamos pero que a veces olvidamos: el deber principal de un periodista es producir información según criterios profesionales. Y nunca será así mientras que sigamos esperando a que nos digan lo que debiéramos decir nosotros. Hay cosas que nadie puede decir por nosotros, porque corresponden al discurso de la profesión.
Al respecto, voy a concluir con una cita de Julio, que por cierto no está sacada del libro que estamos presentando, sino de su intervención en el VI Encuentro Nacional de la Crónica Miguel Ángel de la Torre, celebrado aquí en Cienfuegos, en el mes de noviembre de 2011, apenas dos meses antes de su fallecimiento, el 12 de enero de 2012, en La Habana.
Me parece muy a tono esta cita con un nuevo episodio de frustración que hoy mismo, en este momento en punto, está viviendo la prensa en Cienfuegos: una situación de suma gravedad epidemiológica en la ciudad que trasciende no por una alerta ni por una anticipación hecha desde los medios, sino por una nota oficial de la Dirección de Salud que no refleja ni las angustias de todo un barrio cienfueguero ni el drama de una comunidad bajo una contingencia extrema. Que no llama por su nombre a las verdaderas causas de la emergencia y menos aún pone coto a los muchos rumores que desde hace días suman y restan muertos, ponen policías y médicos en las puertas de cada casa y mantienen en cuarentena al distrito de Reina.
Lo que dijo Julio entonces, aquí en Cienfuegos, está también sugerido en su obra póstuma y clasifica entre las potencialidades para generar un mejor periodismo, capaz de cumplir una función más eficaz de legitimación y fortalecimiento de nuestro socialismo.
“Ustedes saben, igual que yo – decía entonces Julito – que nadie va a llegar un día a decirnos: hasta ayer, llegaron hasta aquí; a partir de hoy, van a llegar hasta acá. Eso no existe y nunca existirá. Nadie hablará por nosotros. Nadie hará lo que nos toca hacer a nosotros. Tendremos lo que nos ganemos, lograremos lo que nos merezcamos, dispondremos del espacio que sepamos ocupar. En el mundo del poder no se regala nada y nada viene por añadidura. Ideas, prácticas y hechos son los únicos que pueden movernos hacia delante.”
Confieso que suscribiría sin reservas esta convocatoria si no fuera porque un reciente suceso me dejó pensando en cuán difícil se hace a veces poner en práctica el Artículo 4 del Código de Ética de los Periodistas Cubanos: “El periodista debe enfrentarse a aquellos actos de entidades o personas que obstaculicen el acceso a la información de utilidad pública o constituyan presiones que limiten en cualquier forma el cumplimiento de su deber profe-sional y social.”
Resulta que fui testigo involuntario de las orientaciones impartidas a un periodista por el directivo de un medio sobre cómo debía abordar en un programa lo referente a los presuntos brotes de cólera detectados en Cienfuegos.
Lo que el directivo pedía al periodista era prácticamente un suicidio profesional: no mencionar la palabra cólera; no preguntar a las autoridades de salud que comparecerían al programa si existían o no manifestaciones de esta enfermedad y si las había, cuántos casos se hallaban registrados como positivos; si había o no fallecidos y qué magnitud tenía la emergencia epidemiológica. En resumen, se le pedía no preguntar como periodista lo que todo el mundo se está preguntando en la calle.
Y yo a la vez me pregunto: ¿cuál es el deber elemental de un periodista si no cuestionar lo que la población cuestiona y preguntar lo que el pueblo pregunta a quienes están en la obligación de responderle, en virtud de sus responsabilidades públicas – en este caso las autoridades de Salud – con total transparencia?
Pero lo más triste de toda esta historia es que funcionarios y cuadros con responsabilidades políticas para con la prensa, no sólo estuvieron al tanto de esta nueva agresión al periodismo, sino que avalaron con su consentimiento lo que ya clasifica como un nuevo caso de lesa “contra política”.
En resumen, este tironazo que me dio la realidad, como para confirmarme que cuando despertara de mi sueño teórico ella todavía seguía allí, demuestra que el libro de Julito nos hace, en verdad, mucha falta, pero que por sí solo no va a mover conciencias ni sensibilidades a favor de un mejor periodismo en Cuba. Ese complemento tendremos que ponérselo nosotros con nuestra actuación y, si es necesario, hasta con nuestra intransigencia.
Ojalá que este libro llegue a muchos más actores, y sobre todo a quienes en cumplimiento de otras funciones se relacionan con el quehacer de la prensa. Ojalá que este libro cada vez más deje de ser teoría para convertirse en praxis. (Tomado de Perlerías)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Buscar este blog