Julio Martínez Molina
En uno de los más recientes capítulos de la temporada al aire de South Park, ―esa serie animada estadounidense que, junto a otras muchas de allí o inglesas, no me canso de recomendar a ver si así se recesa un poquito de tanta Santa Diabla y congéneres de gritería televisual culebronera; o de esas emperifolladas blancas campesinas cubanas de tierras de miedo quienes nunca cogen la guataca―, Cartman y sus amigos del colegio se arman como guerreros de Juego de Tronos para entrar de primeros a las tiendas el 29 de noviembre, con el fin de comprar sus nuevas consolas de video. Sarcasmo a 90 grados, el episodio se mofa de las batallas campales producidas durante esa jornada (preludio de un mes de rebajas navideñas) en las grandes cadenas de tiendas distribuidas a lo largo de Estados Unidos. Dicho día es el denominado Black Friday (Viernes Negro), donde los primeros 30 clientes compran con un 80 por ciento de descuento y se pueden llevar a casa una pantalla de plasma de 200 pulgadas por 25 dólares, si no perecen en la lucha.
