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Los rebeldes en el puerto y complejo de refinerías de Ras
Lanuf, puerto estratégico para la exportación de petróleo
libio, principal fuente de riqueza del país norafricano. |
Han visto a miembros de la familia real saudí bailando en los corredores del palacio en Riad. El heredero del trono libio, el príncipe al-Senussi, sobrino del rey Idriss que fue depuesto por Muamar Gadafi y otros en un incruento golpe militar en 1969, se ha lanzado a una ajetreada campaña de autopromoción, diciendo que está listo para volver a Libia e incluso para "dirigir el país"
Pepe Escobar (*)
Nada en el mundo podría ser más dulce
para la Casa de Saud –profundamente disgustada por la mayoría de las repúblicas seculares árabes– que un emirato amistoso totalmente nuevo en el Norte de África.
Pero la OTAN, la verdadera vencedora de la guerra tribal-civil libia, puede tener otras ideas. Mahmud Jibril –el incierto primer ministro del Consejo Nacional de Transición, hablando en Qatar, ha agradecido explícitamente por su nombre a los vencedores: Francia, Gran Bretaña, EE.UU., Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.