Atilio A. Boron
El Congreso del Paraguay consumó este viernes uno de los fraudes más descarados de la historia política latinoamericana: destituyó, en un juicio sumarísimo que se asemejó mucho más a un linchamiento político que a un proceso constitucional, al presidente Fernando Lugo. Con una rapidez proporcional a su ilegitimidad, el Senado más corrupto de las Américas -¡y eso es mucho decir!- lo halló culpable de "mal desempeño" de sus funciones debido a las muertes ocurridas en el desalojo de una finca en Curuguaty. Esa masacre fue una trampa montada por una derecha que desde que Lugo asumiera el poder estaba esperando el momento propicio para acabar con un régimen que, pese a no haber afectado a sus intereses, abría un espacio para la protesta social y la organización popular incompatible con su dominación de clase.
