Julio Martínez Molina
Que el ser humano reformula o modifica al paso de los años algunas de sus ideas, en virtud de un mundo cambiante al cual debe interpretar volcándose al interior de su dinámica dialéctica y no gravitando desde una órbita externa de coordenadas inamovibles, es una verdad incuestionable.
Mas, de ahí a remodelar todo su cuerpo de pensamiento de forma progresiva hasta desdibujarse en el recuerdo lo que algún día fue aquel y contornearse en el presente las líneas de una nueva mentalidad reacia a validar antaños principios, va no solo una larga distancia sino un cambio de denominación de su actitud.
El mundo toma el café cada mañana ante periódicos que reproducen los rostros y nombres de tránsfugas ideológicos de toda laya y estrado (políticos, intelectuales, periodistas…), quienes desvergonzadamente trocaron de súbito, o de a poco, su pensar.
