Julio Martínez Molina
“Deja que le suban el sueldo a los médicos, que voy a meter los pepinos a tanto…”. Así hablaba, meses atrás, un vendedor ambulante de productos agrícolas. No sé si la masa lo pensaría igual, espero no haya sido así, pero lo cierto es luego del primer sueldo cobrado de aquellos adquirí ¡cuatro! tomates por ¡veinte pesos! a un carretillero. ¿Porqué los compré? Los necesitaba y en ninguno de nuestros mercados agropecuarios estatales los expendían.
Todos debemos vivir, sí; mas si hacerlo entraña seguir devorándonos entre nosotros, convirtiéndonos en nuestros peores enemigos al dar riendas sueltas a este incremento fratricida de los precios como parte de una guerra sin cuartel donde el hombre es verdadero lobo del hombre, no habremos de parar en nada bueno. La verdad debe decirse, aunque duela, preocupe o incluso asuste.
