La entrada en vigor este 1 de diciembre de nuevas disposiciones legales beneficiará a los agricultores cubanos
Héctor R. Castillo Toledo
Asentada en un fértil valle a orillas del río Arimao, la Cooperativa Mártires de Barbados, aledaña a la carretera que enlaza a Cienfuegos con el popular balneario de Rancho Luna y su zona turística, es abanderada entre sus similares cubanas. Gente laboriosa se afana en sacarle provecho a sus feraces tierras, en las que, recuerdo, una vez hasta experimentaron con éxito de rendimientos en el cultivo de la papa, aunque luego se desdeñó, no sé por qué.
Abundantes cosechas de tomate, viandas al por mayor, frutas entre las que sobresalen sus vastos sembradíos de papaya, delicia al paladar de quienes visitan Cuba desde otras latitudes, son una muestra apenas del amplio abanico de ofertas agropecuarias en la entidad que honra con sus proezas a pie de surco la memoria de los 73 inocentes volados en pedazos por un par de vulgares terroristas, asalariados de Orlando Bosch Ávila y del Bin Laden americano, Luis Posada Carriles, autores del vil atentado a un avión de Cubana el 6 de octubre de 1976.
Manuel Rodríguez Oquendo, Héroe del Trabajo, fundador y presidente de la agrupación campesina durante muchísimos años hasta su jubilación, nunca entendió aquel mecanismo diabólico según el cual las copiosas cosechas de Maradol roja debían recorrer 25 kilómetros en camión hasta el Establecimiento de Frutas Selectas, a la salida de la ciudad hacia La Habana, para luego regresarlas en casi otros 30 hasta los hoteles Rancho Luna y Pasacaballos, de los cuales la cooperativa dista apenas tres kilómetros en el primer caso y a lo sumo seis en el segundo.