Manuel E. YepeDesde la llegada al poder en 1959 de la revolución cubana, el gobierno de Estados Unidos se ha visto obligado a combatirla por sí mismo, por carecer de fuerzas internas leales capaces de asumir una tarea que habría preferido delegar en la oligarquía nativa.
En Cuba ocurrió que la extrema subordinación y dependencia de la burguesía nacional respecto a Estados Unidos hizo que ésta considerara que era a la superpotencia global y no a ella a quien correspondía hacer frente a la situación revolucionaria.
De ahí que desde el primer momento, Washington asumió el combate por el derrocamiento del gobierno revolucionario de una manera directa, y no a través de la oligarquía derrotada, como lo viene haciendo actualmente en otros países latinoamericanos donde fuerzas populares han alcanzado el poder político por vías electorales.
En Bahía de Cochinos, las fuerzas armadas estadounidenses desembarcaron un ejército mercenario entrenado y dirigido por oficiales suyos, integrado por cubanos recién salidos de Cuba. Pese a tener superioridad de armamentos y recursos, nada pudo ante la defensa de unas fuerzas armadas patrióticas carentes de la debida preparación pero, dotadas de inmensa moral de combate.