David Brooks
Ay, qué lindos. Dicen que están preocupados por todos nosotros –o sea, el 99 por ciento que no invitaron a su fiesta– y que harán lo posible por ayudarnos.
Algo apesta cuando los ricos de repente expresan su preocupación por la pobreza y el deterioro del planeta. Huele feo cuando mil 700 jets privados aterrizan en los Alpes, donde los maestros del universo se juntaron en Davos para abordar el cambio climático y afirmaron, mientras consumían caviar, que la desigualdad económica tiene que remediarse.
Algo está sospechoso cuando políticos prominentes de ambos partidos en Washington, desde precandidatos presidenciales republicanos (Mitt Romney, Jeb Bush) hasta demócratas como el presidente Barack Obama –muchos de ellos millonarios– declaran que su nuevo enfoque es sobre la gente trabajadora y los pobres.
