Roberto Montoya* La reciente revelación sobre la existencia de un Guantánamo británico en Afganistán ha estado, en el mejor de los casos, un día en la portada de la prensa internacional. Solo en Reino Unido y algunos países árabes algunos días más.
Luego desapareció, ni siquiera la prensa alternativa se hizo demasiado eco del caso. ¿Qué son 80 o 90 prisioneros afganos en carácter de desaparecidos en la base británica de Camp Bastion, si ya tenemos un Guantánamo original en pleno Caribe, a pocas millas de donde pasan tantos cruceros de lujo?.
Por ahí han pasado no 80 ni 90 sino casi 800 desaparecidos, 166 de los cuales todavía siguen cautivos, más de la mitad de ellos en huelga de hambre, alimentados por la fuerza desde hace semanas con sondas nasogástricas. Obama no quiere cargar sobre su conciencia con más muertes. Ya bastante tiene con los que se han suicidado en esa prisión desde que llegó el poder y con los asesinatos selectivos con proyectiles lanzados desde ‘drones’, esos robotitos aéreos controlados por control remoto tan eficaces, que además no ponen riesgo a las fuerzas propias.