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| Ya en la recta final de la carrera por la Casa Blanca, los candidatos se rodean de celebridades con tal de ganar el favor del electorado estadounidense. Hillary marca pautas. |
Ante el espectáculo electoral, es cada vez más necesario el espectáculo cultural no sólo para propósitos de propaganda, sino para la pura credibilidad. No hay disputa que una figura cultural es mucho más creíble que la gran mayoría de los políticos. Y los políticos –y sus estrategas– lo saben.
Cuando Barack Obama estaba en la recta final de su campaña de relección en 2012, y el estado de Ohio era –como casi siempre– pieza clave en la matemática electoral, solicitó ayuda urgente. Claro, convocó al rey del Partido Demócrata, el ex presidente Bill Clinton, y también a varios políticos de perfil nacional a que lo acompañaran en sus giras electorales por la región, pero eso no era suficiente. Necesitaba a alguien con gran credibilidad entre las bases ciudadanas. No invitó a un gran intelectual, y menos a otro político, invitó a El jefe Bruce Springsteen.

