José Steinsleger
Nacida en el emblemático decenio de 1960, Mafalda era una niña que pasaba buena parte del día oyendo noticias en su radio de transistores, y luego descolocaba a los adultos con preguntas acerca de las realidades políticas del mundo. Mafalda no era "cómica". Cómicos eran los adultos, haciéndose bolas cuando trataban de consolar las angustias de la niña frente a las guerras, el hambre, la pobreza, el racismo, las injusticias, la violencia.
En los años del terrorismo de Estado, un lector indignado escribió a la revista argentina Humor, observando: “Y ustedes… ¿de qué se ríen?” Parafraseando a Oscar Wilde, los editores le recordaron que el humor podía ser “…otra forma de la desesperación”. En efecto. Nada más serio que el (mejor dicho) humorismo, vocablo que la Real Academia asocia con la "manera graciosa o irónica de enjuiciar las cosas".
