Julio Martínez Molina
Un prominente intelectual revolucionario cubano consideró alguna vez que la televisión cubana era tan mala que para mejorar, primero tendría que suicidarse. Recordemos que lo del enojo de la “intelligentzia” contra la “caja tonta” viene de los tiempos del viejo Groucho Marx; de modo que no hemos de tomar muy a pulmón su calificación. En cambio, un científico social europeo, de prestigio en el pensamiento de izquierda a nivel internacional la evaluó, por su parte, como “la mejor televisión del mundo”.
Ni lo uno, ni lo otro. Es un medio cultural, recreativo e ideológico de alta responsabilidad social que cumple su cometido, decorosamente, a partir de la infraestructura técnica/recursos/financiamiento con que cuenta; a veces animada de intenciones loables, pero resultados más o menos dignos (o peores), en consecuencia con disímiles elementos, en los cuales interviene el dinero, es verdad; pero sobre todo la profesionalidad: su presencia o ausencia.
