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sábado, 13 de julio de 2013

Prensa cubana: aún le falta bastante a la obra acabada

Julio Martínez Molina

Todavía le falta desandar bastante trecho al oficio periodístico en Cuba, en el camino de ser aún más eficiente, preciso, oportuno… Al menos en cuanto a lo que a sus practicantes les corresponde, pues a veces los reporteros son responsabilizados de omisiones informativas o de presuntos o reales sinsentidos, los cuales a todas luces los sobrepasan. Plúmbea, machihembrada a alturas tales a técnicas más propagandísticas que pertenecientes a su propio dominio, acusa nuestra prensa demasiada solemnidad y vociferación de carro altoparlante.
Su visión de las fenoménicas sociales resulta epidérmica en ciertos exponentes; y la crítica sujeta a patrones tan ingenuamente profilácticos como inamovibles.

Supervive mucho discurso ampuloso con retórica de décadas pasadas, se añora más amenidad y gracia en el lenguaje, sobran las informaciones estadísticas o antinoticias (hay textos donde esta no aparece nunca o quizá se encuentre agazapada en el penúltimo párrafo) y el trabajo de campaña. Una tarde sí y otra también quienes se sientan en un consejillo a fijar cuanto va en la edición del periódico de la fecha posterior deben jugar con la campaña del momento. Eso incide en aumentar la escasa movilidad de la ediciones impresas, de por sí herméticas, espejos mutuos hasta en los titulares.
Aunque en ello en ocasiones medien causas justificantes dictadas por el enfrentamiento a la política de hostilidad yanki, a ratos la letra de casa va a la zaga de la extranjera en informar al mundo, y a Cuba, de hechos puntuales de relieve acaecidos en el escenario social criollo. De cualquier género.
Quien firma no procura el retorno de la crónica roja a los periódicos, pero nunca ha entendido, desde su ya lejana graduación, ¿por qué no informar del asesinato que conmovió a una comunidad, con el posterior escarmiento ejemplarizante, cuando este de veras lo sea? ¿Cuál es el motivo?
La prensa cubana está cometiendo, entre otras, una pifia de dimensiones a aquilatar dada su magnitud sociológica, y es no haber estructurado un aparato teórico de desmontaje de la andanada pseudocultural que zombificó a parte nada desdeñable del espectador criollo en consumidor autómata de la producción más indecorosa de Univisión, Telemundo, Televisa, el canal 41 y otras banderas audiovisuales de México o el sur de La Florida. En los pueblos campesinos del archipiélago el fenómeno se ha convertido, literalmente, en pandémico. Y nosotros, de respuesta profesional, bastante bien poco.
Igual es pobre -limitado más bien a lo consignístico - coyuntural tan amado en tierra isleña- el combate a la corrupción, el robo, la violencia y la deshumanización progresiva experimentada por la sociedad cubana.
Hay otros problemas, muchos más, pero lo bueno de ello es que no solo se focalizan o debaten, sino que -mediante los mismos mecanismos de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC)- serán encauzados en busca de solución en el Congreso a sesionar este fin de semana. Los periodistas cubanos somos optimistas, esperamos la tengan, con el concurso de todos.
Dentro de muy poco, el lunes 15 de julio, esa organización alcanzará 50 años de existencia. Surgió en 1963 como resultado del proceso de fusión y unidad de las organizaciones reporteriles existentes. En tal fecha se celebró en el Hotel Habana Libre la Asamblea Nacional (o Primer Congreso), donde resultaron aprobados los estatutos de la nueva organización, electo el Consejo Directivo y divulgada una declaración de principios.
Los profesionales cubanos se sienten honrados y orgullosos de pertenecer a organización similar, donde no tienen cabida la deshonestidad, el sofisma, las prebendas y las camarillas sectarias bajo la égida de intereses extraprofesionales.
Representa la practicada aquí prensa del pueblo, a cuyo servicio se vehicula desde plataforma que responde a sus intereses y al del Partido que lo representa. Su línea, por ende la de la organización, es clara, meridianamente ubicada en el carril de la defensa de un solo objetivo: el del pueblo trabajador que lucha por una sociedad más justa, equilibrada y mejor, pese a la retahíla de escollos puesta en el camino por las administraciones yankis, sus ataques en todos los planos y el bloqueo de más de medio siglo.
Nuestro periodismo, a eso lo acostumbró también la UPEC, habla desde la verdad, al lado siempre del verbo digno. Nunca desde el engaño, las tergiversaciones o la oratoria de manipulación típica de algunas prensas.
Este 15 de julio será una jornada feliz. Se abren las brechas de las tecnologías posibles, Internet es herramienta y arma de propagación de nuestras ideas, los reporteros se superan, las estructuras provinciales funcionan y el gremio siéntese identificado en ellas.
Cabría sí, pues, felicitarnos por tales cosas el lunes próximo: pero además estaría mejor seguir pensando en calibrar la pluma a grado sumo, para entregar una obra mucho más depurada, grata y objetiva.

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