Héctor R. Castillo Toledo
En época de la Guerra Fría (y lo de la baja temperatura es puro eufemismo) se hacían bromas con algo tan serio como aquella de la posibilidad de que el planeta saltara un día en pedazos, si a la hora de oprimir el interruptor de comunicarse con su secretaria el presidente de cualquiera de las dos partes que equilibraban la balanza entre las llamadas potencias equivocaba el dedo y presionaba el de ordenar un ataque contra su adversario.
Pura jarana, habida cuenta los complejos y meditados mecanismos para acceder a la famosa "maletica" donde se alojaba el botón (¿rojo?) capaz de desatar una debacle capaz de devolvernos a los tiempos de las cavernas, si en definitivas la especie humana lograba salvarse dando pruebas de una capacidad de sobrevivencia tan alta como la de las cucarachas.